Un bebé prematuro de 23 semanas sobrevive tras mantenerle en una bolsa de plástico llena de oxígeno.

El pequeño Leighton nació 17 semanas antes de lo esperado; a las 23 se manas y con un peso de 760 gramos. Su madre, residente en Perth, Australia, estaba aterrorizada ante sus pronósticos de supervevencia, pero gracias a los médicos, que llegaron a meterle en una bolsa de plástico llena de oxígeno para ayudar sus pequeñísimos pulmones, el bebé logró sobrevivir y hoy es un niño sano.

Entonces, los pronósticos respecto a su supervivencia no eran nada optimistas, pero gracias a la inestimable labor médica, el pequeño, de nombre Leighton logró aferrarse a la vida y sobrevivir.
“Estaba aterrorizada”, asegura ahora su madre, Bree Viner, residente en Perth, Australia, consciente de la difícil situación en la que se encontraba el bebé.
“Sentía que si le tocaba estaba a punto de romperle. Era tan pequeño y tan frágil…”, relata, en declaraciones de las que se hace eco Daily Mail, rememorando el duro momento que afortunadamente ya ha dejado atrás.
 

Le metieron en una bolsa de plástico llena de oxígeno

Todo acabó con un final feliz. Y fue así porque los médicos decidieron meterle en una bolsa de plástico llena de oxígeno para ayudar a sus pequeñísimos pulmones.
El procedimiento, que es parte de una tecnología aplicada a bebés prematuros,no estaba exento de riesgo y podía suponer problemas a largo plazo para el pequeño. No obstante, y tras las correspondientes advertencias efectuadas por el personal sanitario, contó con el beneplácito de los padres para ponerlo en práctica.
Afortunadamente, todo fue bien, y ahora los padres comparten felices desde las redes sociales sus instantáneas junto al pequeño, que está sano y tiene ya ocho meses.